02 mayo, 2012

De cómo no llamar a las cosas por su nombre

Los eufemismos, o la manera de no llamar a las cosas por su nombre, son un fenómeno lingüístico de plena actualidad porque las palabras son un arma cargada de significado.

La guerra es un conflicto de violencia generalizada, los bombardeos son incursiones y las víctimas civiles, daños colaterales. Eufemismo donde los haya, el genocidio es limpieza étnica, que suena mucho mejor todavía porque suena a limpio. De los terroristas cuando no nos atrevíamos a llamarles así, decíamos que eran independentistas y aun que llevaban a cabo una lucha armada, la extorsión era un impuesto revolucionario, una especie de IRPF para empresarios, y el terrorismo aun hoy en día es el conflicto.

Lo políticamente correcto nos dice que los viejos son personas de la tercera edad, los gordos no son tales sino que tienen un problema de peso o tienen curvas, los ciegos son invidentes, los cocineros son restauradores (¿qué tendrá de malo ser cocinero?) y el que dimite pone su cargo a disposición de. El aborto es una interrupción de la maternidad, el cáncer una larga enfermedad, el muerto nos ha dejado o ha pasado a mejor vida, los moribundos son enfermos terminales y los locos, enfermos mentales.

El paro es una evolución negativa de la tasa de ocupación y el despido una flexibilización de la plantilla. Una bajada de sueldos es una devaluación competitiva de los salarios, la crisis es una desaceleración y los recortes, son solo ajustes.

El premio en esto de los eufemismos en tiempos de crisis se lo lleva Cataluña, donde al copago sanitario pretendieron llamarle ticket moderador sanitario, para que luego digan que los funcionarios son personas carentes de imaginación.

* Viñeta de El Roto, naturalmente.

2 comentarios:

fj dijo...

Muy buena colección de eufemismos, sí señor. Pero dejémonos de eufemismos y vayamos al grano. Se me ocurre alguno más: "volatilidad", cuando las acciones oscilan de precio. "Suave desaceleración" cuando viene un crisis profunda. "Brotes verdes", cuando parecía -¡ay, parecia!- que mejoraba la economía. Y seguro que hay muchos más.

Gemma dijo...

Los "brotes verdes" fueron un gran hallazgo. Lástima que todavía estemos esperándolos.