13 octubre, 2006

¡La ortografía importa!

Cuando diseñé mi logo pseudo-subversivo de "LA ORTOGRAFÍA IMPORTA" de la derecha confiaba plenamente en el lema, aunque tuviera la lengua firmemente colocada en la mejilla, como diría un anglosajón. Pero, para mi sorpresa, parece que la ortografía interesa bastante. Es más, hay un verdadero mercado para ello.

El chivatazo me lo ha dado el Semanal TV de hoy: resulta que una empresa comercializa un programa informático destinado a mejorar la ortografía del usuario.

Admito que me cuesta creerlo. Me fascina la idea de que pueda haber al menos un lingüista en alguna parte que haya cobrado dinero real por promulgar la corrección, pero aun así no puedo darle el visto bueno a este producto.

Preocuparse por la ortografía me parece vital; creo sinceramente que merece la pena tomarse un segundo extra para añadir un acento o un minuto para consultar una palabra en el diccionario, pero la solución para producir textos apropiadamente codificados en nuestro idioma no pasa por ponerse a estudiar. La ortografía no es nuestro idioma, es el código que utilizamos para registrarlo.

Si nos importa lo que decimos también debe importarnos cómo lo codificamos, pero un medio no es un fin. En cierto modo, dedicar horas al estudio exclusivo de las reglas ortográficas de cualquier idioma es como memorizar libros sobre el salto de vallas o hacer un máster en uso de destornilladores: la maestría no va a venir por ahí, sino por la práctica.

Eso es algo bueno: al leer libros y escribir lo que sea cultivamos nuestra memoria ortográfica (inciso: ¿deberíamos incluir "memoria ortográfica" en nuestra sección Adopte Una Palabra?) de la única manera que da verdaderos resultados, pero además obtenemos muchísimos más beneficios. Este "Curso práctico de ortografía" nos plantea el estudio del código como una actividad aislada que nos servirá en el futuro para producir textos, supongo, pero lo cierto es que la escritura y la lectura no son el fin de la historia, sino el principio. Fíjense si no en la descripción del producto, que incluye "motivación para la lectura". La gente necesita motivarse para matarse en el trabajo, no para leer. La lectura debe ser una actividad placentera, no una especie de obligación extraña cuyo propósito no queda muy claro.

Si de verdad valoran la importancia de la norma escrita, no la estudiarán. La pondrán en práctica, expresándose.

1 comentario:

Tsic1 Mireia dijo...

yo mespreso escribiendo mal
:D